6 feb. 2017

Hispánicas IV. La "cultura clarista"




El libro "Democracia deliberativa", editado por Jon Elster (acá), incluye varios artículos interesantes, pero de entre ellos destaca especialmente un exquisito ensayo escrito por el extraordinario autor italiano Diego Gambetta (Elster declaró hace poco que Gambetta ocupa una posición privilegiada entre sus autores "top" -ver una linda entrevista a Elster, donde señala esto, acá -gracias Nahuel por el envío).

El texto se titula "Claro!" An Essay on Discursive Machismo (el texto completo, en inglés, puede verse acá) e incluye -como otros textos del autor- una libérrima colección de reflexiones lúcidas y citas entretenidas (inclusive -y Gambetta en su artículo me adjudica a mí la culpa- la del golpista Aldo R. hablando de la duda como "jactancia de los intelectuales"). La frase "Claro!," que da título al ensayo, está tomada de España, aunque Gambetta tenga especialmente en mente ejemplos provenientes de Italia. Con la referencia a la "cultura clarista" (así la llama), Gambetta sintetiza una serie de patologías capaces de socavar la democracia deliberativa, y que retoma de un trabajo de Albert Hirschman de 1986, y publicado en New York Review of Book: "On democracy in Latin America."

La expresión “claro!” es típica de España, aunque con otras variables pueda encontrarse también en América Latina, en donde –decía Hirschman- “se le asigna un valor considerable al tener opiniones fuertes sobre casi todo, y desde el comienzo; como también al hecho de ganar una discusión, en lugar de escuchar a los otros o de encontrar, ocasionalmente, que hay algo que se puede aprender de los demás”. “Claro!” aparece entonces como sinónimo de -agrega Gambetta- “ya lo sabía,” “obvio”, “pero qué novedad es esa”, "ya lo sabía," "nada de lo que digas me sorprende"
.
Cada vez que vuelvo por estas tierras vuelvo a acordarme del ensayo de Gambetta: la realidad lo fuerza. Me pregunto por qué esa contundencia, por qué esa necesidad de mostrarse ajenos a la duda, por qué la ansiedad de dejar en claro que ya lo sabían todo desde el principio. Por qué, me pregunto, tan tremenda inseguridad?

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola RG, qué lindo libro! qué lástima que no haya traducción al español!

rg dijo...

si la hay

andresvas dijo...

Te paso ahí Roberto información sobre el candidato a Juez de la Corte propuesto ayer en Brasil (lo aprueban seguro) afiliado al PSD de FHC, que deberá decidir el destino de.muchos amiguetes de su partido en el caso LavaJato.
Aviso: el diario no es ni remotamente petisca.
http://www.correiobraziliense.com.br/app/noticia/politica/2017/02/07/internas_polbraeco,571418/quem-e-alexandre-de-moraes.shtml

rg dijo...

no entiendo por qué lo decís andrés. yo cuando hablo del sistema judicial brasileño, lo critico por elitista primero, y segundo digo que en las instancias inferiores (y aclaro siempre, que no es la corte suprema) hay una fuerte independencia de la política, cuando en la argentina pasa a ser igual a política pura

andresvas dijo...

Ok, pensé que te podía interesar en relación a lo que hablábamos en tu otro post.

Anónimo dijo...

Macri acaba de haces un desfalco al Estado por 70 mil palos. Ahí lo tenés al paladín anticorrupción.

Roberto de Michele dijo...

En sus ratos libres Gambetta ha hecho increibles aportes a la teoria del crimen organizado, en especial con sus estudios sobre la mafia siciliana.

Roberto de Michele dijo...

Increibles los aportes de Gambetta para la comprension del crimen organizado. Su primer libro sobre la mafia como organizacion empresarial es fascinante y supongo que no es casual que Elster lo cite junto a Schelling, que en buena medida busca comprender el problema desde una optica similar. Codes of the Underworld tmb excelente

miguel dijo...

Qué interesante lo que contás! El libro de Elster lo he visto en español, creo que editado por Gedisa. Lo de "Claro" me hizo acordar de un pasaje que leí hace poco (llegué tarde, qué vergüenza). Es don Julio Cortázar en Rayuela:

"A los diez años, una tarde de tíos y pontificantes homilías históricopolíticas a la sombra de unos paraísos, había manifestado tímidamente su primera reacción contra el tan hispanoitaloargentino «¡Se lo digo yo!», acompañado de un puñetazo rotundo que debía servir de ratificación iracunda. Glielo dico io! ¡Se lo digo yo, carajo! Ese yo, había alcanzado a pensar Oliveira, ¿qué valor probatorio tenía? El yo de los grandes, ¿qué omnisciencia conjugaba? A los quince años se había enterado del «sólo sé que no sé nada»; la cicuta concomitante le había parecido inevitable, no se desafía a la gente en esa forma, se lo digo yo. Más tarde le hizo gracia comprobar cómo en las formas superiores de cultura el peso de las autoridades y las influencias, la confianza que dan las buenas lecturas y la inteligencia, producían también su «se lo digo yo» finamente disimulado, incluso para el que lo profería: ahora se sucedían los «siempre he creído», «si de algo estoy seguro», «es evidente que», casi nunca compensados por una apreciación desapasionada del punto de vista opuesto. Como si la especie velara en el individuo para no dejarlo avanzar demasiado por el camino de la tolerancia, la duda inteligente, el vaivén sentimental".